APRENDIENDO A MEDITAR

En una sociedad que vive en piloto automático, meditar nos puede ayudar a saborear los pequeños detalles del día a día… Esos que de normal pasamos por alto y que al final son los más grandes y bonitos de nuestra vida.

Pero… ¿qué es meditar? Es una disciplina espiritual que te permite cierto tipo de control sobre tus pensamientos y tus emociones. Es una herramienta de autoconocimiento. Pero, vayamos por partes…

¿Cuáles son sus beneficios?

Los beneficios de la meditación son varios. Por una parte, meditar aporta tranquilidad, es decir, permite cultivar esa calma interna que todos tenemos pero que, con los quehaceres, las preocupaciones, y el estrés del día a día, olvidamos mantener.

En un mundo donde vivimos prácticamente conducidos y regidos por horarios, con un guion aprendido, meditar nos permite parar y nos ayuda a conectar con nuestras emociones, con nuestro propio cuerpo, con cómo nos sentimos o con ciertas situaciones desagradables vividas en el pasado pero ancladas por no ser atendidas y que nos provocan malestar. Nos acerca a la paz y nos enseña a estar en armonía, a aportar el equilibrio entre el cuerpo y la mente, a permitir que seamos más conscientes, a estar más presentes en nuestro día a día y en nuestras relaciones… Nos conecta con nuestro yo más profundo.

Meditar regularmente produce cambios en nuestra manera de percibir las cosas y de, percibirnos a nosotros mismos. Aumenta la atención hacia el aquí y ahora y por tanto, también nuestra productividad.

¿Cuáles son los tipos más comunes de meditación?

Existen diferentes tipos de meditación en función de los beneficios que queramos obtener. A continuación, os detallamos los tipos de meditación más conocidas:

· Guiada: El concepto de “meditación guiada” no hace referencia exactamente a una variante del procedimiento de la meditación, sino más bien de su formato. Así, cualquier tipo de meditación de los que describiremos a lo largo de este artículo puede realizarse de forma guiada.

Decimos que un procedimiento de meditación es guiado cuando es otra persona quien dirige el ejercicio. En plataformas como Youtube, es posible encontrar audios y vídeos específicos para llevar a cabo estos ejercicios en casa. También existen aplicaciones exclusivamente para meditar, como puede ser calm (con contenido gratuito y de pago), headspace, etc…

          · Meditación budista: Se centra en mantener la mente en el momento presente y en el ahora, dejando el pasado y el futuro a un lado y centrándonos en la respiración, sin que ningún pensamiento del pasado o preocupación del futuro nos pueda interrumpir.

Este tipo de meditación se basa en el mantenimiento constante del presente. Es decir, cuando se está practicando, la atención ha de estar constantemente centrada en el ahora, sin entretenimientos ni distracciones. Así pues, nada nos puede llevar hacia el pasado ni hacia el futuro.

          · Mindfulness (atención plena): El mindfulness o atención plena se basa en centrar la atención en aquello que estamos realizando, en hábitos cotidianos que solemos hacer de manera automática y muchas veces, de manera inconsciente (por ejemplo, comer, ducharse, etc.) observando las sensaciones que nos produce.

Es importante no realizar dos tareas a la vez para poder conectar con la esencia de lo que se está realizando de manera plena.

          · Zen o Zazen: La meditación Zen (también llamada “Zazen”) se centra en la respiración, pero con una diferencia esencial; no basa su atención en la nariz, sino en el movimiento del vientre. Este tipo de meditación nos enseña a ver los pensamientos que pasan por nuestra mente, observando uno tras otro, para después liberarlos.

          · Vipassana: Esta práctica se centra en la respiración nasal. Se focaliza la atención en el aire entrando y saliendo de la nariz, y cada vez que aparece una emoción, sensación, sentimiento o pensamiento, se observa y se deja pasar sin juzgarlo.

          · Trascendental: La meditación trascendental se hizo muy popular en Occidente en la década de 1960 y 1970 por la influencia de celebridades como los miembros de “The Beatles”.

Consiste básicamente en utilizar un mantra (sonidos o palabras que se repiten) como ayuda para la meditación, que se practica sentado y con los ojos cerrados. El mantra más conocido es el om.  Generalmente se practica dos veces al día, mañana y noche con una duración de 20 minutos.

¿Cómo empiezo a meditar?

Para empezar a meditar es importante hacerlo poco a poco. Al principio podemos establecer un período de tiempo de entre cinco y diez minutos de duración, ya que es mejor empezar con sesiones cortas pero intensas, no pensando cuanto queda para que acabe, ya que, si no, no sirve de nada. A medida que vayamos cogiendo el hábito, podemos subir a 20 o 30 minutos.

Como hemos dicho en otro apartado de este artículo, podemos empezar con meditaciones guiadas, también mediante el yoga, o simplemente dedicando unos minutos del día a relajarte y conectar con la paz, la calma y la tranquilidad que llevamos dentro.

Ropa cómoda

En cuanto a la ropa, lo más adecuado es usar prendas cómodas, poco ajustadas y ligeras, que permitan y faciliten la relajación, la flexibilidad y la postura idónea para esta práctica. Se recomienda utilizar tejidos de algodón para evitar posibles alergias.

Encuentra tu lugar

Debemos tener nuestro propio espacio para meditar. Un lugar tranquilo, alejado del ruido, donde podamos estar relajados y sentirnos cómodo. Un lugar que transmita paz, sin distracciones. Podemos utilizar una luz cálida, tenue (una buena opción sería la luz que emiten las lámparas de sal) o alguna vela para acompañarnos en esta práctica. Incluso podemos utilizar ambas a la vez, ya que suman calidez y armonía.

Siéntate de forma correcta

Se recomienda buscar una postura en la que nos sintamos cómodo/a y cerrar los ojos para facilitar el proceso.

Por ejemplo, podemos sentarnos sobre un cojín y adoptar la postura “de loto”, es decir, con las piernas cruzadas, los pies sobre el muslo opuesto, la espalda recta, los hombros y brazos relajados y las manos reposando sobre las rodillas en forma de cuenco (mirando hacia arriba).

Empieza a contar… y deja que los pensamientos surjan

Una vez situados empezaremos a meditar, concentrándonos en nuestra respiración. Debemos observar todo el proceso; como entra y como sale el aire, etc…

Se trata también de sentir tu cuerpo, tus emociones, tus deseos… Y “simplemente” observar todo eso. Si vienen pensamientos o preocupaciones (al principio es más que probable que así sea) hay que dejarlas pasar y dedicar ese ratito a relajar nuestro cuerpo y por consiguiente nuestra mente.

Hay personas que les va bien ponerse sonidos relajantes de fondo o incluso alguna meditación guiada. El fin es conseguir tener un ratito de paz en este mundo de ajetreo y actividad continuada.

Crea tu rutina

Intenta siempre meditar a la misma hora (importante para mantener el hábito). Hay gente que medita nada más levantarse o antes de ir a dormir, esto va depende de ti y de las circunstancias (laborales, familiares) o preferencias que tengas. Lo más importante es que saques un rato cada día para hacerlo.

Evita en la medida de lo posible, meditar después de las comidas o cuando te encuentres excesivamente cansado/a, porque si no te dormirás. Escoge el momento del día en el que tu mente esté más serena. Se recomienda meditar como mínimo una vez al día. Empieza a practicar y poco a poco tu cuerpo te irá pidiendo más.

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