CRECIENDO Y APRENDIENDO A COMER

Lo primero: La lactancia

Una adecuada nutrición durante la infancia y niñez temprana es esencial para asegurar que los niños alcancen todo su potencial en relación al crecimiento, salud y desarrollo.

La lactancia materna es el mecanismo por el cual la madre alimenta al bebe a través de sus senos, los cuales producen leche inmediatamente después del parto. La leche de la madre puede extraerse de las mamas y conservarse, de forma que el bebé pueda alimentarse si la madre no puede estar presente en el momento en que lo pida. Se recomienda conservar la leche en recipientes de cristal bien limpios. Los recipientes de plástico no son tan recomendables ya que el plástico puede trasmitir sustancias con efectos adversos.

Si no hay ningún problema, la lactancia materna debería ser exclusiva durante los primeros 6 meses de vida, ya que cubre las necesidades de la mayoría de los niños en cuanto a energía y nutrientes, incluyendo grasa, carbohidratos, proteínas, vitaminas, minerales y agua. No son necesarios otros alimentos ni líquidos, ni siquiera es necesaria agua adicional ya que la leche materna es un 88% de agua, suficiente para que el niño pueda satisfacer su sed.

La lactancia materna aporta unos beneficios para el niño y para la madre a corto y a largo plazo, incluyendo la protección del niño frente a una variedad de problemas agudos y crónicos. La leche materna proporciona al niño una protección contra infecciones debido a que contiene factores bioactivos que fortalecen el sistema inmunológico inmaduro del lactante, además posee otros factores que favorecen la digestión y absorción de los nutrientes.

Empezando con los cereales

El aparato digestivo del bebe está preparado para poder digerir otros alimentos diferentes a la leche hacia los 6 meses. Lo primero que se suelen introducir en la alimentación del bebé son los cereales sin gluten (y posteriormente también los que contiene gluten). Algunos pediatras directamente recomiendan empezar por fruta y verdura ya que a veces resulta poco práctico que la madre se saque la leche y en el biberón la mezcle con cereales, pero cada niño tiene necesidades diferentes por eso, antes de empezar a introducir los cereales en su dieta hay que consultar con el pediatra.

Hasta llegar a la cantidad de cereales a introducir recomendada por el pediatra, una buena orientación seria añadir un cacito en el biberón de la mañana y otro en el de la noche e ir aumentando un cacito cada día. Aunque no existe una pauta única para la introducción de los cereales en la alimentación del bebe.

Si estás dándole el pecho, puedes combinarlo con unos cereales especiales para mezclar con agua y puedes ofrecérselos con cuchara. Y a partir del séptimo mes, junto con la lactancia materna, puedes darle pan y galletas especiales (sin azúcar) a demanda.

En esta etapa de la alimentación del bebé es importante prestar atención al estreñimiento, ya que como toman más cereales, es importante ofrecer agua o una toma de leche materna al niño, así evitaremos el odiado estreñimiento. También se pueden tener en cuenta, si el problema no mejora, los cereales de grano entero o de avena, ya que son más ricos en fibra y ayudarán a que el bebe no vaya tan estreñido.

Los cereales con gluten generalmente se suelen introducir de forma gradual alrededor del octavo mes de vida. Se debe ir mezclando los cereales con gluten y sin gluten.  Sustituir cada día un cacito de cereales sin gluten por uno de cereales con gluten hasta llegar al total del gluten en la papilla.

Los primeros sólidos: La fruta

En la alimentación del bebé, aunque primero suelen introducirse los cereales y después las frutas, puede hacerse al revés, primero la fruta y después los cereales. Es recomendable la introducción de las papillas de frutas en la dieta del bebé por su aporte vitamínico. La fruta es menos nutritiva que la leche (tiene menos grasa, menos calorías…) pero es rica en vitaminas, fibra, minerales y es antioxidante. Nunca deben sustituir a una toma de leche, sino complementarla. Para su preparación, se deben emplear frutas variadas, maduras y las menos alergénicas. Es recomendable ir introduciéndolas una a una y así poder analizar, si el niño tuviera alergia, cuál de ellas ha sido la que ha provocado reacción.

¡Que rico, por fin verdura!

Las verduras y hortalizas se pueden introducir cocidas en forma de papilla como alimentación complementaria a partir de los seis meses del bebé, y a partir de los 8-9 meses dejando algunos trocitos más grandes para que empiecen a masticar y probar nuevas texturas diferenciando las distintas verduras. Hay unas verduras más adecuadas que otras para su introducción en la dieta de los pequeños, además de no añadirle sal a las verduras hasta los 12 meses. Se puede añadir un poco de aceite (mejor de oliva) en frío a la papilla lista para tomar.

Las verduras aportan fibra vegetal importante para un buen tránsito intestinal y aportan vitaminas (generalmente A y C), minerales y oligoelementos. Se recomiendan acompañadas de otros alimentos como legumbres, arroz, y/o carne, pescado.

La norma, siempre que introduzcas alimentos en su dieta, es hacerlo de forma individual, a intervalos de 3-5 días, para observar posibles reacciones alérgicas. Comienza haciendo un puré de patata, espera unos días y añade el puerro, después pon también zanahoria, etc.

Las más comunes son la patata, las judías verdes, la zanahoria, la calabaza, el calabacín y el puerro (más suave que la cebolla). A partir de los 9 o 10 meses se pueden introducir coliflor, tomate, cebolla, nabo. Y a partir de los 11 o 12 meses los purés podrán empezar a estar menos triturados y tener más grumos.

¡Empieza la variedad!

A partir de los siete u ocho meses de edad, la alimentación del bebé cambia progresivamente ya que se empiezan a introducir todo tipo de alimentos. A las dos semanas de que se le hayan introducido las verduras, estos purés pueden ser enriquecidos con carne blanca (es más digestiva y de sabor más suave), poca cantidad y finamente triturada.

Los primeros trocitos de pescado se pueden añadir al puré de verduras a partir de los nueve meses. Se aconseja empezar por el pescado blanco ya que tiene menos grasa y su digestión es mejor. El pescado azul tendrá que esperar tendrá que esperar hasta haber pasado el año de edad.

A los 9 o 10 meses se le puede empezar a dar al niño una cucharadita de yema de huevo y si al cabo de 48 horas no ha habido ninguna reacción alérgica, se le puede seguir dando días alternos hasta llegar a una yema entera. A partir de los 12 meses se podrá introducir una pequeña cantidad de clara de huevo disuelta en papillas o purés, ya que es más alergénica.

Las legumbres suelen ser introducidas a partir de los 11 meses, en forma de puré.

Este esquema de introducción de los alimentos en el bebé es el más tradicional y el que más se corresponde con nuestra cultura mediterránea. Pero cuando abordamos el tema de la introducción de los primeros alimentos distintos a la leche en la dieta del bebé, las indicaciones de los pediatras son menos rígidas que hace unos diez años. Hoy en día, la introducción de los alimentos se puede iniciar con la carne, la primera papilla se le puede dar por la noche y se pueden ofrecer, al mismo tiempo, varios alimentos nuevos.

Siempre que tengas la aprobación de tu pediatra y no pongas en riesgo la salud del bebe, la introducción de alimentos en cada niño es toda una aventura diferente en cada caso.

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