FORTALECE TU SISTEMA INMUNE

Aunque vivimos expuestos a la actividad nociva de innumerables microorganismos (bacterias, virus, hongos, parásitos), nuestro organismo cuenta con la mejor defensa natural ante ellos gracias al sistema inmune.

El sistema inmune es una compleja red de células, tejidos, órganos y sustancias específicas, que juntos ayudan al organismo a combatir infecciones y otras enfermedades. Es capaz de reconocer millones de microbios diferentes y de destruir con eficacia los cuerpos extraños que llegan a nuestro organismo. Podemos decir que es la armadura protectora de nuestro cuerpo por lo tanto fortalecer el sistema inmune es importante para mantenernos saludables.

Empieza a entender tu sistema inmune

El sistema inmune consta de diferentes partes:

         · Piel: puede ayudar a evitar que los gérmenes ingresen al cuerpo.

         · Membranas mucosas: son los revestimientos internos húmedos de algunos órganos y cavidades corporales. Producen mucosidad y otras sustancias que pueden atrapar y combatir los gérmenes.

         · Glóbulos blancos: luchan contra los gérmenes.

         · Órganos y tejidos del sistema linfático: incluyen el timo, el bazo, las amígdalas, los ganglios linfáticos, los vasos linfáticos y la médula ósea. Producen, almacenan y transportan glóbulos blancos.

La función del sistema inmune consiste en defender nuestro cuerpo contra sustancias que considera dañinas o extrañas. Estas sustancias se llaman antígenos y pueden ser gérmenes (como bacterias y virus) o sustancias químicas o toxinas.

Cuando nuestro sistema inmunitario reconoce un antígeno, lo ataca. A esto se le llama respuesta inmune y parte de esta respuesta es producir anticuerpos. Los anticuerpos son proteínas que actúan para atacar, debilitar y destruir antígenos, aunque nuestro organismo también produce otras células para combatir el antígeno.

Tras esta respuesta desencadenada, el sistema inmune es capaz de recordar el antígeno y si vuelve a reconocerlo, puede identificarlo y enviar rápidamente los anticuerpos correctos. Gracias a esto, en la mayoría de los casos no nos enfermamos. A esta protección contra una determinada enfermedad se la conoce como inmunidad.

Hay tres tipos diferentes de inmunidad:

         · Inmunidad innata: es la protección con la que se nace. Incluye una primera barrera de defensa integrada por la propia piel y por membranas mucosas como la nariz, la garganta o el tracto gastrointestinal. Evitan que sustancias nocivas entren al cuerpo.

         · Inmunidad adquirida, adaptativa o activa: es la capacidad del organismo de emitir una respuesta dirigida en contra de un patógeno concreto. Se desarrolla cada vez que una persona de cualquier edad entra en contacto con un nuevo microorganismo nocivo, bien sea por vacunación o por una infección. Así se adquiere inmunidad contra él. La inmunidad activa suele ser de larga duración. Para muchas enfermedades, puede durar toda la vida.

         · Inmunidad pasiva: proviene de otra fuente, no del propio organismo. Ocurre cuando recibimos anticuerpos contra una enfermedad en lugar de producirlos a través de nuestro propio sistema inmunitario. Por ejemplo, los bebés recién nacidos tienen anticuerpos de sus madres que se les transmite mediante la lactancia. Las personas también pueden obtener inmunidad pasiva a través de productos sanguíneos que contienen anticuerpos. Este tipo de inmunidad brinda protección inmediata, pero es temporal, solo dura unas pocas semanas o meses.

El sistema inmune también es capaz de detectar tempranamente y eliminar células que dejan de funcionar adecuadamente en el cuerpo y que podrían dar origen a algún tipo de cáncer. Esto se llama vigilancia inmunitaria y es otra de sus principales funciones.

Sin embargo, en ocasiones, el sistema inmunitario puede tener fallos en su funcionamiento. Por ejemplo, al detectar como extraños al organismo elementos que no lo son y reaccionar desproporcionadamente. También hay veces que las células cancerosas eluden esa mencionada vigilancia inmunitaria. Estos fallos, a menudo tienen un origen desconocido.

Las enfermedades que pueden provocar estas alteraciones inmunológicas pueden clasificarse en cuatro grupos:

         · Trastornos alérgicos: en una persona alérgica, se produce una respuesta inmunitaria desproporcionada a sustancias que llegan del exterior (alérgenos), aunque para cualquier otra persona sean inofensivas.

         · Enfermedades por deficiencia inmunitaria: estos trastornos se producen cuando faltan uno o varios de los componentes que forman el sistema inmunitario o no funcionan adecuadamente.

         · Enfermedades autoinmunes: en este caso, el sistema inmunitario ataca nuestras propias células y tejidos, aunque estén sanos, al confundirlas con cuerpos extraños.

         · Cánceres: algunos tipos de cánceres pueden afectar a las células y tejidos que componen el sistema inmunitario, como es el caso de la leucemia o del linfoma, que afecta al tejido linfoide.

La alimentación lo más importante

Para fortalecer el sistema inmune y mantenerlo fuerte y eficiente, es necesario aumentar las defensas del organismo. De esta manera conseguiremos prevenir el desarrollo de enfermedades. Para ello es fundamental seguir unos hábitos de vida saludables y reforzar los mecanismos de protección naturales del organismo.

Dentro de este estilo de vida saludable recomendamos no fumar, seguir una dieta variada y equilibrada evitando alimentos insanos como grasas saturadas, azúcares y bebidas alcohólicas e incluir alimentos que contengan grasas saludables, aumentar la ingesta de  verduras, frutas y hortalizas que aporten vitaminas y minerales.  También es importante practicar actividad física de forma regular, dormir de 7 a 8 horas y evitar el estrés.

En cuanto a la alimentación recomendada para fortalecer el sistema inmune:

         · Grasas omega 3 y 6: forman parte de membranas celulares confiriendo flexibilidad y elasticidad. Los omega 3 tienen mayor poder antiinflamatorio pero un equilibrio entre ambos promueve la respuesta antiinflamatoria. Los omega 3 los podemos encontrar en semillas y aceites de lino, en las nueces, pescados como caballa, sardina, arenque, salmón o atún. Los omega 6 los podemos encontrar en semillas de planta como girasol, maíz y borraja, además de en frutos secos como el cacahuete, piñones y pistachos.

         · Vitaminas y minerales: La vitamina C es importante por su función antioxidante y necesaria para la síntesis de colágeno (importante para la barrera epitelial). También es importante en la regulación de la respuesta inflamatoria y algunos estudios le otorgan propiedades antivíricas. Puede mejorar la gravedad de los síntomas y la duración de las infecciones de las vías respiratorias altas, como el resfriado.

Entre los alimentos que aportan vitamina C tenemos: fresa, kiwi, limón, mandarina, naranja, mango, melocotón, melón, papaya, pomelo, brócoli, coles de Bruselas, col lombarda, col rizada, repollo, coliflor, colinabo, perejil, pimiento, tomate, guayaba.

         · En cuanto a la vitamina D3 (colecalciferol): algunos estudios muestran una asociación entre bajas concentraciones de la vitamina en sangre y el riesgo de infecciones respiratorias en las diferentes etapas de la vida. Más del 90% se sintetiza a través de la piel, siendo la alimentación la responsable en tan solo un 10% (como máximo).

         · Zinc: Es clave para mantener una función inmune adecuada. Es antiinflamatorio y antioxidante. Lo podemos encontrar en carnes rojas y aves, queso, gambas, otros mariscos, legumbres (alubias, guisantes, soja, cacahuetes), semillas (de calabaza, girasol, sésamo), levadura de cerveza, frutos secos (almendras, nueces, avellanas, pistachos), cereales integrales, hortalizas y verduras (espinacas, crucíferas, remolacha, judías verdes, champiñones).

         · Hierro: La anemia por déficit de hierro aumenta la posibilidad de infecciones.

Ejercicio = Bienestar

El ejercicio físico moderado realizado de forma habitual, reduce el riesgo de sufrir infecciones si comparamos los datos con el sedentarismo. Algunas de las teorías que explican este efecto son:

         · La actividad física puede ayudar a eliminar bacterias de los pulmones y las vías respiratorias y, por tanto, a reducir las probabilidades de contraer un resfriado, gripe u otra enfermedad de respiratoria.

         · El ejercicio provoca cambios en los anticuerpos y los leucocitos. Los leucocitos son las células del sistema inmunitario que combaten las enfermedades mediante los anticuerpos, unas proteínas que neutralizan las bacterias y agentes externos. Estos anticuerpos y leucocitos circulan más rápidamente con la práctica habitual de ejercicio, así que pueden detectar y combatir enfermedades más rápida y efectivamente.

         · La elevación breve de la temperatura corporal durante e inmediatamente después del ejercicio puede impedir el crecimiento bacteriano. Esta elevación en la temperatura puede ayudar al cuerpo a combatir mejor una infección, similar a lo que sucede cuando uno tiene fiebre.

         · El ejercicio disminuye la secreción de las hormonas del estrés como el cortisol. Algo de estrés incrementa las probabilidades de que se presente una infección.

Por ello podemos decir que el ejercicio también refuerza el sistema inmune y además nos hace sentir mejor y con más energía.

Descansa por tu sistema inmune

Estudios realizados revelan que la calidad del sueño y la respuesta inmune tienen una fuerte relación. El sueño es un proceso que ocupa la tercera parte de la vida del ser humano y resulta imprescindible para que el individuo mantenga la homeostasis del organismo. Es un regulador importante del sistema inmune, ya que durante el sueño se llevan a cabo las funciones necesarias para mantener su equilibrio.

La reducción de sueño tiene efectos adversos que alteran el metabolismo y produce incremento en la secreción de citocinas cuya acción puede conllevar a desarrollar enfermedades inflamatorias crónicas y metabólicas.

Fortalécelo con la ayuda de los mejores complementos dietéticos naturales

Existen complementos naturales que pueden ayudar a reforzar el sistema inmune. En Mel i Salut puedes encontrar diferentes complementos dietéticos que te ayuden a ello:

         · Propóleo: es una sustancia natural que recogen las abejas de las yemas de los árboles y que luego procesan en la colmena, convirtiéndola en un potente antibiótico natural con el que protegen la colmena frente a posibles infecciones. Destaca por su extraordinaria actividad antibiótica natural, antiinflamatoria y analgésica, por lo que está especialmente indicado para prevenir y tratar cualquier afección que requiera aumentar las defensas del organismo, así como mejorar la resistencia del organismo frente a posibles infecciones.

         · Equinácea es una planta, cuya raíz contiene los principios activos responsables de la estimulación inmunitaria, contribuyendo a combatir las infecciones y estimulando la respuesta inmune. También aumenta la actividad fagocitaria de los macrófagos y la producción de interleucinas, inhibe la proliferación bacteriana a través de la inactivación de las enzimas hialuronidasa de las bacterias y aumenta la producción de interferón beta (antitumoral y antiviral). Además, posee actividad antiinflamatoria, actividad antibacteriana y antifúngica.

         · Jalea Real: es un alimento que elaboran las abejas para alimentar a su abeja reina. Es el alimento con mayor proporción de nutrientes y es rica en vitaminas, minerales y elementos vitales. Es un reconstituyente físico y mental, que aumenta las defensas a la vez que aporta vitalidad.

         · Jengibre: posee propiedades antiinflamatorias y analgésicas. Por su composición en vitaminas y minerales refuerza el sistema inmune y es eficaz contra los resfriados.

         · Un producto muy completo que puedes encontrar en Mel i Salut para reforzar el sistema inmune es el Inmunoplus. Además de propóleo, jalea y equinácea contiene pino, tomillo y eucaliptus, que contribuyen a aumentar sus propiedades expectorantes y balsámicas. También está suplementado con vitaminas y minerales como la vitamina C y el zinc.

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