¿PONEMOS A DIETA A NUESTROS NIÑOS?

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa en el organismo que puede ser perjudicial para la salud.

En las últimas décadas y a nivel mundial, se ha visto un aumento preocupante de niños con sobrepeso y obesidad. Recientes estudios afirman que uno de cada diez niños tiene obesidad y dos, sobrepeso. Más de la mitad de los que tienen sobrepeso sufrirán del mismo problema en la edad adulta, con los problemas derivados que conlleva, como diabetes, alteraciones cardiovasculares, baja autoestima, etc. Entre los factores destacados, que luego desarrollaremos más ampliamente, están el sedentarismo provocado por el uso cada vez más creciente de ordenadores y televisión y el hecho de alimentar a los niños con productos poco o nada saludables. En muchas ocasiones nos encontramos con niños sobrealimentados y desnutridos que necesitan urgentemente un régimen alimenticio pautado por profesionales.

Si hay sobrepeso, hay que saber el origen

El problema del sobrepeso es multifactorial, influye en parte la base genética y también los hábitos de vida de cada niño. En el caso de los lactantes, la elección de la leche materna como único alimento en sus primeros seis meses de vida, y posteriormente la introducción progresiva de alimentos saludables es primordial para su salud y bienestar durante todo su desarrollo.

En el caso de los niños más mayores, los padres, que suelen ser quienes comparten más tiempo con ellos, son los responsables de que su alimentación sea la adecuada. Para ello, la clave es que ellos mismos prediquen con el ejemplo y lleven una rutina de hábitos saludables, sobre todo relacionados con la comida. Obligar a los niños a seguir un régimen alimentario puede suponer un fracaso si los padres no se implican y adoptan ellos también un cambio en sus costumbres alimenticias.

Antes de la dieta, está el ejercicio

A parte del factor genético y las costumbres familiares en la cocina, está el factor del sedentarismo. Es imprescindible que el niño practique ejercicio físico durante al menos una hora diaria, lo ideal es hacerlo al aire libre y practicando juegos en equipo, ya que al interactuar con otros niños su autoestima mejora. Es preferible que escoja una actividad que para él suponga un juego y una diversión, sino pronto abandonará este hábito.

Los niños se vuelven cada vez más sedentarios debido a la forma de jugar y divertirse que tienen actualmente, donde predominan los juegos digitalizados, en los que se trabaja la mente, pero el cuerpo pasa demasiadas horas sentado.

Se ha perdido mucho la costumbre de salir al parque o a la calle a jugar y esto ha contribuido a un menor movimiento corporal, menor consumo energético y consecuentemente a un mayor riesgo de sobrepeso. Es absurdo pautar un régimen para los niños si no lo complementamos con una vida más activa, para conseguir resultados óptimos y duraderos tienen que ir de la mano. También desde casa debemos motivarles compartiendo actividades al aire libre y aficiones deportivas con ellos, debemos ser su ejemplo a seguir, los niños aprenden rápido y suelen imitar lo que ven. Es importante que se les hable del beneficio que aporta a todos los niveles el llevar un estilo de vida saludable.

“Un día es un día” La frase que no se cumple

Antes de llegar a conclusiones precipitadas y tomar decisiones arriesgadas en lo relacionado sobre la salud de nuestro niño, en primer lugar, debemos llevarlo al médico especialista. Él nos dirá si padece sobrepeso, cualquier otro desorden metabólico o una enfermedad subyacente; una vez valorado, él mismo nos indicará unas pautas a seguir, y si es aconsejable que un nutricionista elabore un régimen alimentario para el niño. Desde casa podemos aportar nuestro granito de arena transmitiéndoles una buena cultura nutricional, para que el niño sepa discernir lo que le conviene o no tomar cuando se encuentre fuera de casa, haciéndole entender las bases de una buena alimentación y dejando de ofrecerle los alimentos como premio o castigo.

Puntualmente habrá algún evento que celebrar, como son los cumpleaños, que estarán acompañados de algunos alimentos poco recomendables. Ese día se puede hacer una excepción ya que es una ocasión especial, pero no debe convertirse en una rutina diaria, esto es clave si queremos mejorar.

Tres reglas de oro: Comer despacio, masticar muy bien y saciar con agua

No sólo es importante respetar la cantidad de alimentos que esté marcada en el régimen alimentario del niño, sino también la calidad de la comida y los hábitos que se adopten en la mesa. Es de vital importancia masticar muy bien los alimentos ya que aumenta la sensación de saciedad y es más beneficioso para el sistema digestivo; el hecho de comer despacio también contribuye a saciar el apetito más pronto y en consecuencia menos alimentos ingerirán.

La ingesta de agua es muy relevante sobre todo antes de empezar a comer, ya que ocupa espacio en el estómago y quita algo de apetito, haciendo que se coma menos cantidad; sin embargo, durante la comida deberían tomar solo la imprescindible, ya que un exceso de agua diluye los jugos gástricos y puede retrasar la digestión.

Unos hábitos saludables, será lo más importante

Además de todo lo comentado hasta ahora, nos puede servir de ayuda esta serie de recomendaciones para conseguir los objetivos propuestos:

          · Los niños tienen que dormir las horas suficientes para su edad, ya que están relacionados la falta de sueño y el sobrepeso.

          · Cuando se les ofrezcan alimentos preferentemente que sean nutritivos, evitando los productos azucarados, y para que se hidraten siempre agua, en vez de zumos de frutas y refrescos.

          · En el supermercado debemos mirar la tabla nutricional de los alimentos antes de comprarlos, ya que muchos productos aparentemente saludables contienen azúcares ocultos como (concentrado de zumo de frutas, jarabe de maíz, dextrosa, etc.). Reducir al máximo el consumo diario de azúcares totales es un factor clave en el éxito del régimen alimenticio del niño.

          · Intentar que no coman mientras juegan con algún aparato electrónico y no obligar a que se terminen lo del plato.

          · Llevar una alimentación lo más variada posible, evitando fritos y rebozados, hacer las 5 comidas al día y tomar 5 piezas diarias entre frutas y verduras. Escoger los lácteos no desnatados, pero sí sin azúcares añadidos, siempre les podemos añadir trocitos de fruta para endulzar. Los lácteos enteros tienen las cantidades adecuadas de calcio y de vitamina D, imprescindibles para el correcto crecimiento de los huesos.

          · Tomar frutos secos, aceite de oliva y aguacate como fuentes de grasas saludables, y evitar las grasas animales.

          · Dejar la bollería industrial o snacks salados para algún día puntual del fin de semana, o para algún día especial, ya que aparte de calóricos estos alimentos son muy adictivos por las cantidades elevadas de sal, azúcar y grasa que contienen.

          · Por último, y no por ello menos importante, cabe resaltar la importancia de que el niño se sienta amado y valorado por las personas de su entorno. Mostrar comprensión y apoyo hará que el niño se sienta motivado, con una mejor autoestima y habrá una gran probabilidad de que alcance sus objetivos en poco tiempo.

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