¿VALE LA PENA HACERSE PROPÓSITOS PARA EL AÑO NUEVO?

Ya no nos queda nada para empezar otro año, 2021 y vuelta a empezar, otra vez nos vamos hacer promesas a nosotros mismos de que este año va a ser diferente, que este año sí que vamos a cumplir todo lo que nos propongamos, que este va a ser el definitivo, pero ¿Qué ocurre que otra vez fallamos?

Y nos preguntamos como cada año ¿ha valido la pena hacernos propósitos? ¿Para qué? No hemos cumplido prácticamente nada de lo que nos habíamos propuesto… y con ello llega la desilusión, el echarnos la culpa de la poca fuerza de voluntad que tenemos, nos preguntamos en que fallamos, porque los demás lo consiguen y nosotros no y nos prometemos a nosotros mismos que el año que viene lo vamos a conseguir y así vuelta a empezar.

Tenemos que recapacitar y pensar sí ha valido la pena hacernos propósitos para el año nuevo, que nos han aportado a nuestra vida esos retos y si nos han ayudado a ser más felices, a superarnos, a demostrarnos a nosotros mismos que si podemos conseguirlo, ya que, si no es así, y nos hacen sentirnos peor, más frustrados o más enfadados con nosotros mismos, pues entonces no vale la pena.

Los propósitos más comunes

Si nos paramos a pensar en los propósitos que queremos conseguir, hay un tanto por ciento muy alto de personas que coincidimos en las mismas metas que nos proponemos, por ejemplo:

          · Hacer dieta, es una muy común.

          · Me pasó el día comiendo comida basura… y pensamos, esto se acabó, voy hacerlo por mi salud.

          · La típica: voy apuntarme al gimnasio porque estoy en muy baja forma y es necesario moverme más, con la dieta y ejercicio me voy a poner muy fuerte.

          · Otro propósito como, voy aprender inglés porque es la asignatura pendiente y pensamos que en los tiempos que corren saber idiomas es básico para encontrar un trabajo bien remunerado.

          · Voy hacer el viaje de mis sueños porque ya está bien de posponerlo…

          · O la que nos produce más estrés: voy a dedicarle más tiempo a mi familia y a relativizar el trabajo.

          · Y uno de los más populares es el dejar de fumar.

¿verdad que siempre son los mismos tópicos? O incluso todos ellos juntos, por lo que al final solo logramos frustrarnos y no conseguir ninguno de ellos.

¿Por qué fallamos cada año?

Está claro, ¿no?  nuestro fallo es querer conseguir metas que nosotros mismos no nos creemos que vamos a conseguir, por lo que al final abandonamos o incluso ni los empezamos, porque es difícil llevar a buen término cosas que realmente no nos convencen. Pero si este año que empieza va a ser el definitivo, vamos analizar unas pautas que nos van ayudar a conseguir aquello que nos propongamos:

          · Propósitos definidos de una forma vaga: No basta con decir que queremos ser mejor profesional o que queremos mejorar nuestra salud. Nuestro deseo por sí solo no va a cambiarnos la vida. Debemos definirlo en términos de algo sobre lo que podamos actuar. Un propósito vago no nos ayudará a poder lograrlo. Las metas deben ser específicas.  Por ejemplo, si nos proponemos ganar más dinero, deberemos fijar una cifra.

          · Propósitos aburridos: Las metas deben ser interesantes, apasionantes y preferiblemente representar un reto. Todo se reduce a que si no entendemos el por qué queremos lograr determinados objetivos, es bastante probable que nos dispersemos por el camino. Piensa ahora mismo en esos propósitos que te planteaste y valora ¿Qué está en juego? ¿Qué voy a obtener si consigo esta meta? o ¿Qué perderé si no la consigo?  ¿Te estimula?

          · Propósitos demasiado fáciles: Pues sí, la tercera razón por la que fallamos en nuestros propósitos es porque estos son demasiado fáciles. Aunque pueda parecer contradictorio, no lo es. Si bien siempre se nos ha dicho que los objetivos que nos planteemos deben ser realistas, esto no significa que deben ser fácilmente obtenibles. Ser realista no significa ser conformista, dicho de otra forma, apuesta alto y ganarás más. Las metas deben estar fuera de nuestra zona de confort. Vamos analizar esas zonas:

          · La primera es la zona de confort que es donde suelen estar las metas realistas. Nos engañamos a nosotros mismos imponiéndonos metas que están muy cerca de nuestra situación actual, pensando en ellas como un mejoramiento de determinada situación, pero si no nos sentimos obligados a hacer un esfuerzo extra para conseguirlas, ni nos motiva, hay muchas posibilidades de terminar fallando esas metas “fáciles de alcanzar”.

          · La segunda es la zona fuera de nuestro confort. Aquí empezamos a sentir miedo, incertidumbre y dudas como si podremos conseguirlo, ya que nunca antes lo hemos hecho. Aquí es donde debemos intentar fijar nuestras metas.

          · La última es la zona de fantasía. Si nos proponemos algo en esta zona, al ser poco alcanzable, terminamos desmotivándonos y abandonando.

Nuestro cerebro nos empuja a auto-protegernos, fijándonos metas poco ambiciosas simplemente por el hecho de temer fracasar o hacer el ridículo. ¡No se lo permitas!

          · Demasiadas metas o metas demasiado ambiciosas: Se debe trabajar a conciencia en la fijación de las metas, definiendo un orden de prioridad, para así trabajar más eficientemente. Hay que concentrar esfuerzos, ya que enfocarnos en pocas metas a la vez, nos puede hacer mucho más efectiva su realización.

          · Fallamos en nuestros propósitos porque los olvidamos: Es importante tener siempre presente las metas, por eso es recomendable revisarlas periódicamente, lo cual además de servirnos de recordatorio, nos ayudará a evaluar si todo va por buen camino o es necesario algún ajuste.

          · Lo mejor, marcarnos únicamente los que vamos a cumplir…Es decir, entre 1 y 3 objetivos: Sí, como ya hemos comentado antes, seamos realistas y establezcamos prioridades. Esto será lo mejor para lograr lo que nos propongamos, por lo que debemos de centrarnos en aquello que más ilusión nos haga conseguir e ir a por todas.

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